Los agentes erosivos: viento y agua
Al hablar de los efectos de los incendios, es necesario distinguir entre los efectos inmediatos y directos del fuego (destrucción de plantas y seres vivos, entre otros) y los efectos a largo plazo, cuando los de corto plazo son modificados por las variaciones estacionales e intervienen los agentes climáticos; estos últimos efectos pueden conducir a una mayor degradación del suelo, como cuando actúa la erosión, por ejemplo, o, por el contrario, favorecer su regeneración, como cuando interviene la revegetación.
Específicamente, los efectos sobre la erosión y el ciclo hidrológico son muy especiales ya que las consecuencias del fuego en las propiedades del suelo y las repercusiones de éstos en él determinan, en muchos casos, el alcance de un incendio. Estos agentes erosivos producen desorden de materiales tras el incendio, tanto suelo y cenizas, como la capa de hojarasca y materia orgánica. “Tras un incendio forestal se debe evitar este movimiento ya que el suelo es uno de los factores más importantes para que la vegetación se recupere”, afirma Merche Bodí, investigadora del Soil Erosion and Degradation Research Group (SEDER). Por tanto, si se producen eventos de lluvias intensas tras un incendio puede ocurrir el mayor riesgo de un problema medioambiental; mientras que rachas fuertes de viento suelen mover solamente las cenizas porque su densidad es menor. Sin embargo, esta remoción también es negativa “ya que las cenizas fertilizan el suelo tras el incendio y lo protegen de la erosión hídrica”, aclara la investigadora.
Por su parte, el ciclo hidrológico cambia en las zonas quemadas en mayor o medida según la severidad del fuego. La evapotranspiración de la vegetación obviamente se modifica, se reduce la interceptación y, en consecuencia, aumenta el impacto de la gota de agua en el suelo. De esta manera, según los expertos del SEDER, la infiltración del suelo puede verse reducida y existe riesgo de aumentar las tasas de escorrentía, reduciéndose también el agua en los cauces y la humedad del suelo. “Es común que tras un incendio severo y intensidades de precipitación elevadas puedan producirse crecidas extremas en los ríos y cauces”, explica Bodí.
Con este posible aumento de la escorrentía y el impacto de la gota de agua, la erosión puede verse incrementada, sobre todo por la falta de vegetación que es la que lo sostiene. Así, una zona quemada es una zona de riesgo de erosión en mayor o menor medida. Sin embargo las tasas de erosión tras incendios no superan la mayoría de veces, en el mediterráneo, la erosión que se produce en campos de cultivos o en badlands (tierras baldías).






